Madrid
“Siempre que le des la espalda a Madrid, te la encuentras de frente y te recuerda que el único delito es dejar pasar la oportunidad y la mayor condena es no lanzarse a por ella sin mirar”.
Hace cinco inviernos estaba paseando por las calles de Nueva York. La exageración, la hiperventilación y la emoción con la que gozo esa ciudad no es normal. Recibo un mensaje de mi amiga F.: “just arrived in New York City baby”. F. ha viajado de sorpresa para ver a Adam y a Chris, unos amigos que viven allí desde hace años. Me manda vídeos de las luces de Times Square, de las avalanchas de gente, de los cafés. Sofía Brotons define esta ciudad como una especie de océano de ventanas encendidas que se apagan, y de peceras apagadas que se encienden.
La gente allí se viste como le sale de los mismísimos. Como si quieres plantarte una bolsa de basura en la cabeza y salir tan campante de tu casa, o desfilar medio en bolas, o creerte cualquier superhéroe que se te pase por la cabeza. En Nueva York puedes ser Anna Wintour, Madonna o Woody Allen, o los tres personajes a la vez. Es acojonante porque esta ciudad lo tiene todo, ofrece de todo y todo nunca es suficiente. Yo creo que hay que estar muy loco para viajar a Nueva York. Esta ciudad es insaciable como ninguna, un poco neurótica, una caprichosa de narices y, tarde o temprano acabarás rendido a sus pies. Quien haya paseado por el SoHo, Harlem, el lujoso Upper East Side, Chinatown o Central Park me entenderá. O quien haya visto Gossip Girl, claro. Quizá hay que irse a Nueva York para darse cuenta de la suerte que es vivir en Madrid. Y sobre todo, la suerte de ser madrileño. Ser madrileño implica muchísimas cosas, entre ellas ser regido por la espontaneidad, el caos de las prisas continuas y las ganas de vivir entre bares y batiburrillo. Todo ello rodeado de un espectáculo gastronómico protagonizado por un bocata de calamares o un glorioso homenaje en Lhardy. También Madrid puede vivirse como un neoyorquino, especialmente desde que sus precios son tan equiparables.
Hablando de Madrid me viene a la cabeza Jaime Rodríguez. A este tío genial le conocí hace un par de años por un post que subió de un atardecer en el Retiro, por Maru y sus elocuencias divertidas y sin filtro. Y por cosas de la vida, asistí el miércoles pasado a la presentación de su primer libro Muérete Cupido en el bar Cock, otro sitio emblemático de la ciudad. Así que voy a terminar esta carta con una frase suya haciendo honor a la capital que nos está viendo crecer: “Siempre que le des la espalda a Madrid, te la encuentras de frente y te recuerda que el único delito es dejar pasar la oportunidad y la mayor condena es no lanzarse a por ella sin mirar”. Mientras desayuno en el Palace unos churros con chocolate con B., veo despertar la ciudad como si fuese una especie de espectáculo único en el mundo que no se puede explicar con las palabras, pues transciende a la razón. Las tiendas del barrio comienzan a abrir de nuevo, los barrenderos limpian la ciudad, veo tres taxis pasar a toda mecha y a un grupo de tíos que no han pegado ojo en los últimos quince días. Todo esto de forma improvisada y sin vergüenza que es —al fin y al cabo— la única manera de vivir la ciudad de verdad. Para qué irse a Nueva York si en Madrid lo tenemos todo.
Feliz sábado,
Sofía



Es verdad lo que dicen Qué de Madrid al cielo!!!💕
Me flipa!! 👏👏